Comienza la aventura.

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Comienza la Aventura.

El pasado lunes comenzó nuestro periplo por tierras centroamericanas. Dejamos la Ciudad de Panamá con un sabor agridulce, especialmente por parte de Ekain (pasó sus últimos tres años y medio viviendo aquí), por una parte con muchas ganas de empezar la aventura, por otra con pena por dejar atrás un segundo hogar y una segunda familia.

Pusimos rumbo a la primera de nuestras paradas: Altos de Campana. A menos de una hora de la capital del país, se encuentra este pequeño oasis perfecto para desconectar del cáos de la ciudad.

Ekain conocía un lugar que a priori era perfecto para pasar nuestra primera noche en el camper: el alto de una colina desde donde se podía ver la Bahía de Chame en todo su esplendor.

Llegamos en la tarde. El spot seguía tan bonito como Ekain lo recordaba, sin embargo ahora había una pequeña valla que impedía el acceso, junto a un cartel con la tarifa de precios por cruzar. Tras negociar con el joven encargado, acordamos un precio de 10$ por pasar la noche.

Montamos nuestro pequeño campamento rápido, y es que una de las ventajas del camper es que lo tienes todo preparado al llegar a cualquier lugar, nada más hay que buscar un espacio plano para estar lo más cómodo posible.

Nuestra primera noche durmiendo en el camper fue todo un éxito, además de ser la mejor para ir conociendo las diferentes características de éste : batería auxiliar para las luces del interior, depósito de agua para cocina, ducha, y baño ; nevera a gas… Y además cerca de nuestra zona de comfort en Panamá.

Tras un buen desayuno dejamos atrás Campana para llegar a los Cajones de Chame, un laberinto de formas rocosas causado por la erosión. Otro oasis también a menos de una hora desde Panama City, aunque este sí es más transitado, incluso un martes había un par de grupos de gente bañandose a ritmo de reggaetón.

El camino fue algo estresante, y es que hay un punto donde los carros normales suelen estacionarse, debido a la pendiente pronunciada para llegar abajo. En teoría sólo los 4x4s pueden acceder. Toda una prueba para nuestra casa rodante que superó con creces (y la tracción a las cuatro ruedas activada).

Lo cierto es que los Cajones de Chame nos encantó. El lugar es espectacular, especialmente cuando no hay tanta gente. En época de lluvias se debe tener mucho cuidado con las cabezas de agua, riadas muy fuertes e instantáneas que se generan en lo alto de la montaña y que arrastran todo a su paso.

Siguiendo con la idea de aprender a usar el camper, la noche del martes la pasamos en un cámping/área de autocaravanas unos kilómetros al oeste, en Coronado. Pudimos así entender mejor cómo funciona nuestra casa rodante cuando se conecta a la luz y agua externas, así como vaciar los depósitos de aguas grises y negras.

El miércoles quisimos avanzar hacia el sudoeste para llegar a la Península de Azuero, tierra de los herreranos. En enero de este año pasamos un fin de semana en un hotel espectacular recomendado por unos amigos y queríamos intentar si nos dejarían dormir en su estacionamiento , disfrutando de sus instalaciones.

Llegamos y tras hablar con el encargado, nos permitió pasar la noche en su bonito hotel, cobrándonos 20$ para los dos, con luz en el camper, desayuno a la mañana siguiente y pudiendo disfrutar de sus dos piscinas y rápido wifi. (Ver Hotel Punta Franca, muy recomendable).

Casualidades de la vida, la dueña del lugar, una venezolana muy simpática, es de origen vasco. Pasó su juventud en Oñati, un pequeño pueblo de Gipuzkoa (País Vasco). No faltaban en su hotel una Virgen de Arantzazu, y un libro en euskera sobre los franciscanos. Lo más curioso de todo es que junto a nosotros, había otro carro estacionado con una pegatina del escudo e ikurriña (bandera del país vasco) y no pertenecía a la señora. Definitivamente, los vascos estamos por todas partes J

Eso es todo por hoy. Escribimos estas líneas desde Playa Venao, a la sombra de un cocotero junto al camper.


And the adventure begins.

Last Monday we began our journey around Central America. We left Panama City feeling bittersweet, especially Ekain (he spent the last three and a half years living there), on the one hand eager to start this adventure, but on the other sad to leave behind a second home and a second family.

We headed to our first stop: Altos de Campana. Less than an hour away from the capital of the country, this small oasis is perfect to disconnect from the chaos of the city.

Ekain knew a place that, a priori, was perfect to spend our first night in the camper: the top of a hill from where you could see the Bahía de Chame in all its splendor.

We arrived in the afternoon. The spot was still as nice as Ekain remembered, but now there was a small fence that prevented access, along with a poster with the prices to cross. After negotiating with the young man who managed the entrance, we agreed to pay $10 for the night.

We set up our small camp fast, which is one of the advantages of the camper: everything is already set no matter where you go. There’s nothing more to do than to look for a flat area to settle and be as comfortable as possible.

Our first night sleeping in the camper was a success, it was also the best way to get to know its different characteristics: auxiliary battery for the indoor lights, water tank for the kitchen, shower, and bathroom; gas fridge … And near our comfort zone in Panama.

After a good breakfast we left Campana behind to drive to the Cajones de Chame, a rock labyrinth caused by erosion and weathering. Another oasis also less than an hour from Panama City, although this one is more frequented, even on a Tuesday there were a couple of groups of people swimming to rhythm of reggaetón.

The road was somewhat stressful, there is an area where normal cars are usually parked, due to the steep slope to go down to the river. In theory only cars with 4-wheel drive can access the place. This served us as a test for our camper truck that exceeded our expectations (with the four-wheel drive activated).

The truth is that we loved the Cajones de Chame. The place is spectacular, especially when there are few people. During the rainy season, visitors must be very careful with what the locals call cabeza de agua, very strong and instantaneous floods that are generated at the top of the mountain and that drag everything in their way.

Continuing with the idea of ​​learning to use the camper, we spent Tuesday night in a campsite / motorhome area a few miles west in Coronado. We were able to better understand how our camper works when it is connected to external light and water, as well as how to empty grey and holding water tanks.

On Wednesday we wanted to move southwest to reach the Peninsula de Azuero, land of the Herreranos. In January of this year we spent a weekend in a spectacular hotel recommended by some friends and we wanted to see if they would let us sleep in their parking lot, enjoying their facilities.

After talking to the manager, he allowed us to spend the night in his beautiful hotel, charging us $20 for the both of us, with access to electricity for the camper, breakfast the next morning and access to their two pools and fast Wi-Fi connection. (See Hotel Punta Franca, highly recommended).

Casualties of life, the owner of the place, a very nice Venezuelan woman, is of Basque origin. She spent her young years in Oñati, a small town in Gipuzkoa (Basque Country). Were also present in her hotel a statue of the Virgin of Arantzazu, and a book in Euskera on the Franciscans. The most curious thing is that next to us, there was a car parked with a sticker of an ikurriña (flag of the Basque country) and it did not belong to the lady. We Basques are everywhere.

That’s all for today. We are writing these lines from Playa Venao, in the shade of a coconut tree next to the camper.


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