On the road.

[English below]

Dejamos atrás Punta Franca y su magnífica vista con esperanzas de ver el sol y coger unas olitas. A unos diez minutos manejando, se encuentra Puerto Escondido, una solitaria playa ideal para darse el primer baño del viaje.

La mañana pasó entre unas olitas, unas gotas de lluvia, un par de vuelos de drone y algo de sol… ¡Al fin! Y es que comenzar el viaje en la época de lluvias en Centroamérica, tal vez no fue la mejor de las ideas.

Seguimos hacia el oeste de Pedasí, concretamente a una de esas paradas típicas del turisteo panameño: Playa Venao.

El plan era pasar unos días de playa tranquilos, aprovechando para que Meli siguiese aprendiendo a hacer surf. Sin embargo, ese fin de semana había un festival de música electrónica que chocaba directamente con nuestros planes.

Pasamos dos noches aparcados en plena playa. Cayeron un par de baños medio decentes, aunque el swell no llegó a Venao como hubiésemos querido. Así que al tercer día, y después de despedirnos de algunos amigos de la ciudad, el sábado nos movimos aún más hacia el oeste, a Cambutal, una joya casi desconocida en Panamá.

Cambutal es un paraje espectacular, donde la montaña nace prácticamente a pie de playa y las olas tienen una forma sublime. Cómo no, llegamos lloviendo a la playa, todo un éxito que dejó a Melissa un poco desanimada durante nuestra estadía de tres días. Seguía habiendo swell, pero tampoco con la buena dirección para el sur de Azuero, una pena.

Dormimos en el aparcamiento de un restaurante que vimos desde la carretera, el Brisas del Mar, dirigido por la Señora Flor, un encanto de mujer que no quiso cobrarnos por pernoctar en su terreno a pie de playa. Nada más nos pidió que consumiésemos algo en su restaurante (¡Atún a la plancha por 5,5$…YES!).

Al tercer día pensamos que era hora de cambiar de aires, pues ni el tiempo ni las olas nos querían acompañar.

Regresamos a la civilización en Santiago, una de las principales ciudades en Panamá. La idea era comer algo, hacer acopio de comida y poner rumbo a Santa Catalina, otra zona de playa al sudoeste de donde nos encontrábamos. Pero en el último momento cambiamos de opinión y nos dirigimos al norte, a la Reserva Forestal de La Yeguada, una zona de montaña que ambos teníamos pendiente por conocer.

No sabíamos muy bien qué esperarnos, sabíamos que había varias cascadas en la zona, así como un par de caminatas con buena pinta.

Lo cierto es que el lugar nos encantó.

Hicimos nuestro campo base en el camping de la ANAM (Autoridad Nacional de Ambiente de Panamá) desde donde caminamos hacia un par de cascadas espectaculares que había por la zona (Río San Juan y Espavé).

Nos quedamos con ganas de más. Sabíamos que había otros puntos increíbles, pero la desinformación que había por parte de los funcionarios allí presentes y el hecho de que no había red para mirar internet, nos dejó deseosos de regresar y seguir explorando la zona.

Y es que Panamá es un auténtico paraíso que aún no ha sido explorado. Esto tiene su lado bueno y su lado malo: no hay tantos turistas (ni gente surfeando, por ejemplo), en ciertos aspectos es más barato que su vecina Costa Rica…, pero no hay infraestructura ni información para llegar a muchos lugares, entonces necesitas que alguien te cuente cómo llegar a estos.

Escribimos este post desde Santa Catalina, donde al fin ha salido el sol y coincidido buenas olas. Pura felicidad.


We left Punta Franca and its marvellous view behind with the hope of catching the sun and surfing a few waves. Ten minutes away is Puerto Escondido, a solitary beach, ideal for the first surf session of the trip.

The morning went by between waves, a few rain-drops, a few drone flights and a little bit of sun…Oh well! The thing is, to start the trip during the rainy season in Central America, maybe was not the best of the ideas.

We continued towards the West of Pedasí, to one of those typical Panamanian tourist stops: Playa Venao.

The plan was to spend a few days relaxing at the beach, taking advantage so that Meli could continue learning how to surf. Nonetheless, that weekend there was an electronic music festival that clashed directly with our plans.

We spent two nights parked on the beach. We had a couple of decent surf sessions, even though in Venao the swell was not what we hoped for. Which is why, on our third day, and after saying goodbye to a few friends from the city, on Saturday we moved even more towards the West, to Cambutal, a jewel only known by few in Panama.

Cambutal is a spectacular spot, where the mountain rises practically at the foot of the sea and the waves have a sublime shape. Of course, we arrived under the rain, an overall success that left Melissa kind of discouraged during our three-day stay in Cambutal. The swell was there, but it didn’t have the right direction for the South of Azuero, a pity.

We slept in the parking space of a restaurant that we spotted from the road, the restaurant Brisas del Mar, managed by Señora Flor, a lovely woman that refused to charge us for spending the night on her beach front property. She only suggested that we consume from her restaurant (grilled tuna filet for $5,5…YES!).

On the third day, we thought it was time to change environment, nor the weather nor the waves were in our favor.

We returned to civilization in Santiago, one of Panama’s main cities. The idea was to have something to eat, fill up our food cabinets and leave for Santa Catalina, another beach area South-West from where we were. But at the last minute we changed our minds and we left towards the North, to the Forrestal Reserve of La Yeguada, a mountainous area that we both had been waiting to know.

We did not know what to expect, we knew there were a few waterfalls in the area, as well as a few treks that seemed interesting.

The sure thing is that we loved that place.

We based our camp in the camping area of the ANAM (National Authority for Panama’s Environment) from which we walked to a couple of spectacular waterfalls that were in the area (waterfalls of Río San Juan and Espavé).

We were left with the desire for more. We knew there were other incredible spots, but the lack of information of the employees that were present and the fact that we did not have any internet, left us with the desire to return and keep on exploring the area.

Panama is an authentic piece of paradise that has yet to be explored. There is both a good side and a bad side to this: there aren’t many tourists (nor people surfing, for example), in certain aspects it’s cheaper than its neighbor Costa Rica…, but there isn’t any infrastructure or information to get to a lot of places, and therefore, you need someone to tell you how to get to those.

We are writing this post from Santa Catalina, where finally the sun has come out and there are good waves. Pure happiness.

 


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