Surfing Serote.

[English below]

Dejamos atrás Honduras entusiasmados con nuestro siguiente destino: El Salvador.

Ambos son conocidos por tratarse de países inseguros y no siempre aptos para turistas -de hecho muchos viajeros de la Panamericana los evitan-, sin embargo, tras la buena experiencia en Honduras, teníamos aún si cabe más ganas de conocer El Salvador.

Ninguno de los dos tenía muy claro qué nos encontraríamos, lo cual hacía de esta etapa una interesante experiencia. Lo único que teníamos claro era que evitaríamos la capital, San Salvador, y que había decenas de buenas olas a lo largo de su costa.

Entramos al país el 29 de octubre, previo paso por unas horas por Guatemala (nos pareció la ruta más lógica estando en Cobán) y por tercera vez consecutiva, ambos tachamos país a la vez.

Tras hablar con algunos viajeros e investigar un poco, decidimos poner rumbo a la costa para buscar olas, que ya las echábamos de menos.

Pasamos por un par de pueblos antes de establecernos en El Sunzal, donde conocimos a nuestros amigos de PanamericanBus, una pareja de argentinos (Mili y Marcos) viajando desde California hasta su Argentina natal en un microbus azul Tifanny transformado.

Estuvimos un total de 8 días en El Sunzal, disfrutando de sus buenas -y llenas de brasileños- olas, del buen tiempo, la buena compañía y de la rica comida local (¡nos enamoramos de las pupusas!).

Nuestra rutina consistía en madrugar e ir al agua los dos juntos, Melissa con su profesor particular (Ekain feliz) y Eka con varias decenas de personas más dispuestas a luchar por las olas. El swell no estaba tan grande como días atrás… ¡Cómo no! Así que había bastante gente en el agua, brasileños sobre todo, haciendo honor a la fama que a menudo se les da.

Nos quedamos en el terreno del Señor Antonio, un local que regenta un pequeño hostal con espacio para overlanders (¡Sí! Los americanos ya inventaron un nombre para este tipo de viajeros) como nosotros. Estábamos tan a gusto, que los días pasaron en un abrir y cerrar de ojos.

Una vez saciados con las olas de El Sunzal, y tras haber visitado la archiconocida Punta Roca (estaba enano, no tuvimos suerte) y El Cocal, seguimos la ruta hacia la parte oriental del país junto a PanamericanBus, con la esperanza de agarrar el que decían sería el último swell del año por El Salvador, en otra de las joyas locales: Punta Mango.

El camino no fue fácil. Primero hicimos noche en El Cuco, la última gran población antes de llegar a nuestro destino. Tras hacer acopio de comida y agua, nos dirigimos poco a poco hacia Punta Mango.

Tras una hora por un camino de tierra con vistas espectaculares, llegamos al acceso de la playa donde queríamos dormir. Lo complicado estaba por llegar, y es que tardamos unos 30-40 minutos en cubrir una distancia aproximada de 500m.

El camino era estrecho, lleno de grandes piedras, inclinado, con árboles bajos… Ideal para un truck camper y un microbus 😀

Pero lo conseguimos. Con paciencia y ayudándonos entre nosotros, conseguimos llegar hasta la playa. Y mereció la pena. Vaya si mereció la pena. Hasta el momento ha sido el mejor campamento de playa en el que hemos estado en todo el viaje.

El terreno contaba con un pequeño rancho con varias mesas, un pozo con agua dulce, un baño muy auténtico y un enorme árbol que daba la suficiente sombra durante el día como para estar cómodos en nuestro campamento.

Surfeamos (Meli lo intentó, pero no era el mejor lugar para seguir aprendiendo) hasta que no pudimos más. El acceso del lugar era tan complicado que la gente simplemente iba en lancha a surfear desde El Cuco.

Muchos días nos despertábamos a las 5:30 y en cuestión de minutos llegaban unas cuatro lanchas al pico, llenándolo de gente. Por suerte éramos los únicos acampados delante de la ola, así que si uno esperaba un par de horas, podía surfear prácticamente solo durante gran parte del día.

Desde Pavones no habíamos tenido tan buenas olas. Punta Mango supuso terminar de enamorarnos de El Salvador y su gente.

Una tarde soleada Marcos resbaló en las piedras mientras entraba al agua, con tan mala suerte que se hizo varios cortes en la espalda, piernas y brazos. Uno de ellos era especialmente profundo y no paraba de sangrar así que sin pensárnoslo dos veces recogimos nuestro campamento y nos fuimos los cuatro en nuestro cámper en busca del hospital más cercano. Resultó que la clínica más cercana quedaba a una hora y media en carro, y primero teníamos que deshacer el bonito camino que tanto nos había costado unos días antes. Llegamos de noche y aún tuvimos que esperar una hora y media a que llegase el doctor. Ya curado, decidimos que lo más sensato era quedarnos una vez más en El Cuco y regresar a Punta Mango al día siguiente.

Esta situación nos hizo darnos cuenta de lo perdidos que estábamos en este spot tan maravilloso y lo complicado que puede ser para un local vivir en este lugar. Cuando el hospital más cercano está a más una hora en carro y además tienes que esperar a que el doctor aparezca, cualquier tontería se puede volver complicada.

Pasamos una semana estupenda en este lugar perdido que tanto nos encantó. Una semana en la que compartimos anécdotas, ricos platos (ñoquis, tortilla de patatas…), olas, cervezas y muchas risas con nuestros nuevos amigos Marcos y Mili (¡los extrañamos muchachos!).

Nos despedimos de Punta Mango y PanamericanBus con pena y esfuerzo (tocó salir por el mismo camino, claro :-D) y volvimos a manejar hasta El Sunzal. Nuestros días en El Salvador llegaban a su fin, pues queríamos llegar a Guatemala para el 18 de noviembre, para celebrar el cumple de Urtzi, el hermano de Ekain.

Un último día de surfing en pareja en El Sunzal y retornamos a la carretera, rumbo a Guatemala.

Como hemos dado a entender a lo largo del post, El Salvador nos enamoró. Su gente, sus paisajes, su comida, sus olas… Fabuloso. Un gran país al que al igual que Honduras, merece la pena darle un chance. Nosotros ya lo echamos de menos.


We left Honduras behind, excited about our next destination: El Salvador.

Both are known for being unsafe countries and not always suitable for tourists – in fact, many Panamerican travelers avoid them -, nonetheless, after our good experience in Honduras, we were even more eager to visit El Salvador.

Neither of us knew exactly what to expect, which made that experience even more interesting. The only thing that was clear to us is that we would avoid the capital, San Salvador, and that there were dozens of good waves along the coast.

We arrived in the country on October 29th, after having gone through Guatemala during a few hours (it seemed like the most logical route from Cobán), and for the third time in a row, we both checked off another country off our list together.

After talking to a few travelers and researching a bit, we decided to head to the coast to find some waves, we were already missing them.

We went through a few towns before settling in El Sunzal, where we met our friends from PanamericanBus, an Argentinian couple (Mili and Marcos) that are traveling from California to their native country, Argentina, in a converted Tiffany blue microbus.

We spent a total of 8 days in El Sunzal, enjoying its good – and filled with Brazilians – waves, the good weather the good company and the good food (we fell in love with pupusas!).

Our routine consisted in waking up at dawn and head to the water both of us together, Melissa with her private teacher (Ekain glad) and Eka with several tens of people also willing to fight for the waves. The swell was not as big as the days before…of course! Therefore, there were a lot of people in the water, mostly Brazilians, honoring the reputation that is often attributed to them.

We stayed on Mr. Antonio’s land, a local that manages a small hostel with space for overlanders (yes, the Americans have already invented a word for this type of travelers) like us. We were feeling so comfortable that the days went by in the blink of an eye.

Once we were feeling satisfied with the waves from El Sunzal and after visiting the well-known Punta Roca (it was tiny, we had no luck) and El Cocal, we continued our trip towards the eastern part of the country with PanamericanBus, hoping to catch what they said would be the last swell of the year in El Salvador, in another local gem: Punta Mango.

It was not easy to get there. First, we spent the night in El Cuco, the last large population before reaching our destination. After filling up with food and water, we slowly headed towards Punta Mango.

After an hour on a dirt road with amazing views, the made it to the access to the beach where we wanted to camp. The complicated part was what was about to come. We lasted 30-40 minutes to cover 500 meters.

The road was narrow, filled with big roads, with steep parts, with low trees…ideal for a truck-camper and a microbus =D

But we made it. With patience and by helping each other out, we managed to make it to the beach. And it was worth it. It was SO worth it. Until now, it’s been the best beach camp we’ve been in.

On the property was a small ranch with a few tables, a freshwater well, a toilet that made for a very authentic experience and a huge tree that gave us enough shade during the day for us to be comfortable in our camp.

We surfed (Meli tried, but it wasn’t the best place to keep on learning) until we couldn’t anymore. Accessing the spot was so complicated that people who wanted to surf there simply took boats from El Cuco.

Many days we woke up at 5:30 and in just a few minutes about 4 boats would arrive to the peak, filling it with people. Luckily, we were the only ones camping right in front of the wave, so if one waited just a couple of hours, he could surf almost alone during most of the day.

Ever since Pavones, we hadn’t had such good waves. Punta Mango finished the task of making us fall in love with El Salvador and its people.

On a sunny afternoon, Marcos slipped on the rocks while he was entering the water, resulting in various cuts on his back, legs and arms. One of them was particularly deep and wouldn’t stop bleeding, and that’s how, without thinking about it for too long, we undid part of the camp and the four of us left in our camper, in search for the closest hospital. It turns out that the nearest medical center was an hour and a half away by car, and first, we had to undo the great road that had been difficult for us a few days before. We got there by night time and we still had to wait an hour and a half before the doctor arrived. Once Marcos was taken care of, we decided that the wisest thing to do was to spend the night in El Cuco and go back to Punta Mango the next day.

This situation made us realize how lost we were in this marvelous place and how hard it must be for a local to live there. When the closest hospital is more than an hour away by car and furthermore you must wait for the doctor to show up, any small thing can get complicated.

We spent an amazing week camped on this beautiful beach that we loved so much. One week during which we shared stories, tasty meals (gnocchis, tortilla de patatas…), waves, beers and many laughs with our new friends Marcos and Mili (we miss you guys!).

We said goodbye to Punta Mango and PanamericanBus, sad and with much effort (we had to leave through the same road, of course =D) and we drove, once again, until El Sunzal. Our days in El Salvador were coming to an end since we wanted to make it to Guatemala for the 18th of November, to celebrate Urtzi’s birthday, Ekain’s brother.

One last day of surfing together in El Sunzal and we went back to the road, heading to Guatemala.

As we’ve been saying all along our post, we fell in love with El Salvador. Its people, its landscapes, its food, its waves…Fabulous. A great country that, just like Honduras, deserves a chance. We already miss it.

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¡Bienvenidos a El Salvador!
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El Sunzal
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Palmeras y cabañas
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El quiver del viaje… Polivalente
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Casi nadie intentaba surfear esta bonita izquierda… Todos iban a la derecha
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Meli acompañada de Bobby
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Primeros surfings en El Sunzal
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Meli disfrutando de las soleadas derechas
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Esta olita salía más al norte del famoso pico
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Tratamos de surfear la famosa Punta Roca en La Libertad, sin embargo no nos coincidió swell
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Sin duda el lugar tiene un potencial brutal
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Rutina mañanera… ¡Clase de surfing!
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Cada vez más suelta en las olas de El Sunzal
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Nuestro campamento en El Sunzal, acompañados de Laina 🙂
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Buscando picos no tan concurridos
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¿No hay gente en la izquierda? Pues allá vamos
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Felicidad
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Los atardeceres en este lugar eran fabulosos
cof
Comenzamos la ruta hacia Punta Mango con unas vistas espectaculares
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Después de casi una hora de pistas, llegamos a la parte más divertida: los últimos 500m
cof
En el camino había rocas grandes, piedras sueltas, zonas inclinadas, zonas estrechas, árboles bajos… Hubo un momento en el que pensamos que el carro podía llegar a volcar
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¿Mereció la pena el sufrimiento? SÍ
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Las vistas de la playa nada más llegar… Increíble
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¡Campamento montado!
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Primera línea de playa, toda para nosotros
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La primera mañana amanecimos con esta preciosa derecha corriendo sola
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Eka tomándole la medida a Punta Mango
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¡¡SURFING!!
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Mientras tanto las chicas…
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Nos enamoraron los atardeceres salvadoreños
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Egun on Punta Mango!
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Desde las 5:40AM o incluso antes, ya había gente en el agua…
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La multitud
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La clave era esperar pacientemente a que la gente se cansase… La ola funcionaba todo el día
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Relax post surfing
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Hubo días de mucha corriente en los que algunos aprovechaban de sus shuttles…
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Eka gozando de espaldas
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¡A gusto!
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Meli y Mili preparando los ñoquis
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Dormimos TAN bien en Punta Mango…
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Otra nueva jornada de surfing
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Líneas, líneas y más líneas
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Vista aérea de la punta
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La pena de esperar a que la gente se cansase era que el viento salía a media mañana y cambiaba un poco la forma de la ola
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Pero tampoco nos importaba demasiado 😀
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Ohlavan sticker!
Ohlavan Surfing Serote 47
Las heridas dejaron a Marcos fuera del agua, así que se dedicó a grabar a Ekain con su drone… Ekain está tan contento con las imágenes que no deja de mirarlas 😀
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El último día Valentín, el dueño del terreno nos comentó que iban a arreglar el acceso pronto… ¡Tocará volver!
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Fue difícil despedirnos de semejante maravilla de la naturaleza
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¡Hasta pronto PanamericanBus, esperamos volver a verlos por ahí!

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