We found a puppy!

[English below]

Volvimos a la ruta emocionados por continuar con la aventura y sobre todo por reencontrarnos con el mar. Había pasado ya un mes y medio desde que vimos el mar Pacífico por última vez en Puerto Escondido y Eka estaba ansioso por volver a surfear.

Así pues, nos dirigimos a la costa de Michoacán en nuestra constante búsqueda de olas perfectas. De ninguna manera nos podíamos imaginar lo que en los próximos días iba a sucedernos 🙂

Desde que nos topamos con el mar después de pasar Tecomán, la costa michoacana nos maravilló. Kilómetros y kilómetros de costa escarpada, a menudo desierta y con un potencial de surfing enorme.

Nuestra primera parada fue Barra de Nexpa. Unos amigos nos habían hablado maravillas de este pequeño pueblo michoacano así que la espectativas eran bien altas.

Encontramos un restaurante que a cambio de unos pocos pesos ofrecía espacio para dormir en la parte de atrás. Aquel lugar tenía algo mágico: además de una curiosa estructura de madera de dos alturas, lo rodeaban palmeras llenas de cocos y unas vistas al río y playa increíbles. El típico lugar en el que es fácil quedarse y que los días pasen sin darse cuenta.

Las olas eran buenas, no había demasiada gente y el mar estaba creciendo poco a poco, así que disfrutamos de Nexpa durante 5 días maravillosos.

Decidimos no ir más al sur por la costa de Michoacán y dejar el estado de Guerrero para otra ocasión, como siempre el tiempo apremiaba y aún teníamos muchos kilómetros por delante.

Deshicimos parte de la carretera y llegamos a La Ticla, otro pequeño pueblo conocido por su tranquilidad y buenas olas en el que ya habíamos pasado una noche a la ida.

Al igual que en Nexpa, encontramos una fonda que ofrecía camping con unas vistas increíbles de la playa y río a cambio de 2.60 US$ la noche. Estábamos en racha.

Las olas eran bastante decentes y a medida que el fin de semana pasaba, la gente se iba yendo y las olas mejorando, por lo que cada vez se estaba más a gusto en el agua.

Una tarde que el mar estaba bombeando izquierdas y derechas para las 5 personas que estábamos en el agua, Eka se quedó solo en un momento y tras agarrar una buena derecha apareció a su lado un tiburón de unos 2-3m de largo. Sin tiempo para pensar ni saludarlo, se puso a remar como si su vida dependiese de ello (¡quién sabe!) hasta llegar a la orilla.

Más tarde unos locales nos comentaban que efectivamente hay tiburones en la zona y que normalmente se quedan en el otro extremo de la playa, pero que en ocasiones se mueven y que ha habido algunos ataques a lo largo de los años. ¡UPSSS! Todo quedó en un susto por suerte.

Y así fue como en este pequeño pueblo, entre olas, nuevas amistades, caguamas y muchas risas, una noche de mayo nos encontramos un cachorro jugueteando al lado de un pequeño minisúper.

Ambos somos amantes de los animales y nos encantan los perros. Desde el primer día del viaje teníamos miedo de encontrarnos con un cachorro debajo del camper un día cualquiera y no ser capaces de no llevárnoslo con nosotros. Habíamos tenido la conversación un millón de veces, sopesado los pros y los contras de hacer algo tan bonito como adoptar un cachorro en pleno viaje, hablado de las complicaciones y lo mucho que iba a cambiarnos nuestra aventura… Sin embargo, el destino no había querido hasta ese momento darnos la oportunidad.

Y así fue como Tikla llegó a nuestras vidas.

Lo que muchos tal vez no sepan es que tras conocer a los dueños, hablar con ellos (había 5 cachorros y los estaban regalando) y mucho sopesar, en el momento que decidimos dar el paso, los cachorros habían desaparecido.

Fue terrible. Llegamos y no estaban. No sabían qué había pasado con ellos desde la noche anterior. Queríamos llevarlos al veterinario para ver en qué estado de salud se encontraban y ya habían desaparecido. Habíamos tomado la decisión y ahora no podíamos tener a nuestra pequeña.

Con mucha pena regresamos al camper resignados; tal vez era el destino nuevamente diciéndonos que no era el momento. Hasta que en la tarde una amiga de Meli nos comentó que acababa de ver a los perritos en el hotel en el que se estaba quedando. WHAT!

Resultó que la noche anterior un grupo de americanos y australianos en plena fiesta pasaron por el minisúper a recargar sus existencias de alcohol y al ver a los cachorros jugueteando en la calle decidieron llevárselos sin permiso.

Para el día siguiente, cuando la resaca les hizo ver la realidad ¡ya se habían arrepentido y no sabían qué hacer con ellos!

Así que fue el destino -y no nosotros- quien decidió por nosotros y nos unió con Tikla para siempre. Otra de las parejas allí presentes decidió quedarse con una hermanita de Tikla, poniéndole el mismo nombre y con intención de llevársela con ellos de vuelta a California.

Jamás sabremos qué ocurrió en realidad con el resto de los herman@s de Tikla, pero nos hace felices pensar que por lo menos pudimos hacer una pequeña diferencia en la vida de esta bonita perrita mexicana.

Desde este momento en adelante, no volveríamos a ser dos en Ohlavan, se nos unía un tercer integrante de cuatro patas en nuestro periplo a Alaska.


We were very excited to be back on the road again. Not only because we were continuing our adventure, but also because we were going to the beach again. A month and a half had already went by since the last time we were near the Pacific coast in Puerto Escondido, and Eka couldn’t wait to surf again.

We headed towards the Michoacán coast on our eternal quest for perfect waves. We would’ve never imagined what would happen in the next few days =)

From the moment we reached the coast after we went through Tecomán, we fell in love with the Michoacán coast. Miles and miles of steep coast, often desert and with a huge potential for surfing.

Our first stop was Barra de Nexpa. Some friends of ours had told us great things about this small Michoacan town and so we had high expectations.

We found a restaurant that only charged a few pesos to camp in its backyard. There was something magical with this place: besides a strange wooden two-story structure, it was surrounded by coconut filled palm trees, a wonderful view to the lake and beautiful beaches. The typical spot where it’s easy to stay without seeing the days go by.

The waves were good, there weren’t many people and the swell was growing bit by bit, so we enjoyed Nexpa during 5 wonderful days.

We decided not to go further South on the Michoacán coast and leave the state of Guerrero for another time. Like always, time was of the essence and we still had a very long way to go.

We retraced our route back along the coast and stopped at La Ticla, another small town where we spent one night before while on our way South.  The town is known for its tranquility and its waves.

Just like in Nexpa, we found a small restaurant that offered camping spots with amazing views on the beach and river, in exchange for 2.60 US$ a night. We were finding good deals.

The waves were decent and as the weekend went by, people were leaving and the waves were getting better. Therefore the surf was getting better and better.

One afternoon during which there were very good lefts and rights for the 5 people that were out in the water, Eka stayed by himself for a while and after catching a beautfitul right, a 2 or 3 meter shark appeared by his side. Without taking the time to think or to say hi, he started paddling as if his life depended on it (maybe it did!) until he reached the shore.

Later that day, the locals were saying how indeed, there are sharks in the area but those usually stay at the far end of the beach. Sometimes they moved and there had been a few shark attacks in the past years. OOPS. Fortunately it was all just a big moment of fear and nothing worse.

And this is how, in this small town, between waves and new friendships, caguamas and a lot of laughter, one night in May, we found a puppy playing around in the street next to a small local store.

We’re both animal lovers and we love dogs. Ever since the first day of our trip, we were scared of stumbling upon a puppy under our camper on a random day and not be able to not take it with us. We had talked about it a million times, weighed the pros and cons of doing something as sweet as adopting a puppy in the middle of our trip, talked about the complications and about how our trip would change… However, destiny didn’t want that to happen until that moment, when it gave us the opportunity.

This is how Tikla came into our lives.

What a lot of you don’t know is that after meeting the owners, talking to them (there were 5 puppies and they were giving them away) and thinking about it a lot, the moment that we decided to take a step forward and adopt her, the puppies had disappeared.

It was terrible. We got to the house and they were gone. The owners did not know what had become of them, the last time they saw them was the night before. We wanted to take them to the vet to see how healthy they were, but they were already gone. We had taken our decision, taken that leap of faith, and now we weren’t going to have her.

With our hearts broken, we went back to the camper, resigned. Maybe it was the destiny telling us that the timing wasn’t right However, that same afternoon, a friend of Meli’s told us that she had seen the puppies in the hotel where she was staying. WHAT?

Apparently, the previous night, a group of drunk Americans and Australians that were partying went by the small store to refill on alcohol and at the sight of the little ones playing in the street, they decided to take them without asking.

The next day, when the hangover made them see reality they had already regretted their action and they didn’t know what to do with them.

Therefore it was destiny – and not us – that decided for us and reunited us with Tikla forever. Another one of the couples that were here decided to adopt one of Tikla’s sister and take her to back to their home in California. They named her exactly the same.

We will never know what happened to Tikla’s other siblings, but we’re happy to think that we were at least able to make a small difference in the life of that Mexican puppy.

Ever since that moment we would never be two in Ohlavan. We were welcoming a four-legged member to our adventure until Alaska.

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Bienvenidos a Michoacán
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Nuestro hogar en Nexpa
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Olas buenas, agua caliente y no más de 15 personas en el agua
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¡El paraíso!
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Disfrutando del amanecer desde el camper
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Felices de volver al mar 🙂
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Nexpa, ¡te extrañamos!
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Piscina privada
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¡Volveremos!
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A medio camino paramos en Maruata. El mar había subido y se suponía era un buen lugar para surfear. Sin embargo no nos terminó de convencer: las olas eran malas y había demasiada gente
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¡La Ticla!
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Origen del nombre Ticla
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Definitivamente tuvimos una buena racha con los lugares donde dormíamos
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Izquierdas y más izquierdas 🙂
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El río que teníamos delante nos servía de piscina particular
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Líneas, líneas, lííííneas
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Momentos después de esta ola apareció el tiburón al lado de Eka… ¡Tremendo susto!
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La vista desde el camper
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Tikla era una bolita cuando nos la encontramos
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Su madre y herman@s. ¿Ahora véis de dónde viene el color de las manchas de Tikla?
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Adorable
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¡Los primeros días todo el mundo nos paraba para saludarla!
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Disfrutando de la playa con la pequeña

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