The last frontier #1.

[English below]

Una cantidad de emociones nos invadieron el pasado 14 de septiembre cuando paramos para hacernos una foto con el cartel que da la bienvenida a esta parte tan aislada de Estados Unidos: ¡habíamos llegado a nuestro destino final! ¡Alaska! ¡La última frontera que cruzaríamos! (O eso creíamos en ese momento). ¿Qué aventuras nos depararía esta tierra tan salvaje? Pronto lo averiguaríamos.

La primera noche tuvimos la fortuna de ser testigos de uno de los fenómenos naturales más curiosos que vivimos en el viaje: las auroras boreales.

Habíamos decidido acampar unos kilómetros después de la frontera, en un área muy bonita junto a un lago. Llevábamos días leyendo acerca de las auroras, Meli estaba checando varias páginas para ver el pronóstico (sí, se puede mirar unos días antes, como el pronóstico del tiempo) y aquella primera noche en Alaska no parecía tan prometedora.

Celebramos el haber llegado hasta Alaska con un vinito, paseamos con Tikla y tras una rica cena estábamos listos para ver una serie en el confort del camper e ir a dormir.

A eso de las 10 de la noche sacamos a Tikla rápidamente para que fuese al baño, pero aún no se veía nada, el cielo estaba algo nublado. Así que nos fuimos a dormir; el día había sido largo, llevábamos muchos días manejando sin parar y el cuerpo necesitaba descansar. Pero a eso de las 12 de la noche, Eka se despertó y se asomó por la claraboya… ¡¡y allí estaba!! El cielo se había vuelto de un tono tirando a verde, con una especie de ráfagas de intensidad que se dejaban apreciar mejor. Despertó a Meli y alucinados disfrutamos de esta experiencia mágica. ¿Qué pensarían los primeros pobladores de esta región cuando veían las auroras en el cielo? A nosotros nos dejó sin palabras. Empezábamos bien :-).

Nos dirigimos después a Fairbanks, segunda ciudad más poblada de Alaska por detrás de Anchorage. Se suponía que era EL lugar para ver auroras, pero tras pasar un par de días tranquilos, estacionados en un Walmart esperando que hubiese una noche clara, desistimos y seguimos rumbo a Denali. Seguro que habría más oportunidades después.

En el camino hacia Denali vimos la réplica del famoso Magic Bus de la película Hacia Rutas Salvajes, basada en la historia real de Christopher McCandless que Jon Krakauer relató en su novela de nombre homónimo y que más tarde Sean Penn llevaría a la gran pantalla. El autobús es real (no el que vimos) y hay un hike de varios días para llegar hasta él. Nos planteamos hacerlo pero los ríos a estas alturas del año llevaban un caudal algo más potente y nos daba miedo intentarlo con la pequeña Tikla.

Habíamos leído y escuchado tantas historias sobre Alaska, que no podíamos creernos que estuviésemos explorándola… ¡al fin! De hecho, al igual que en Canadá, había carteles por todas partes que indicaban que había que tener cuidado con la fauna local: osos, alces, caribúes, ciervos… En una tierra tan salvaje y poco poblada parecía sencillo verlos.

Cabe destacar también que llegamos a Alaska algo tarde en la temporada. Mediados de septiembre significa que muchos parques y touroperadores están cerrados. Además de que el invierno llega temprano por estas latitudes… Aunque nosotros llegamos en un otoño inusualmente suave.

Por ejemplo cuando fuimos a visitar el Parque Nacional de Denali, únicamente había abierta una pequeña parte. Generalmente se puede llegar en carro privado hasta este lugar, y después seguir en los autobuses del parque. Lamentablemente ya el servicio de autobuses no estaba operativo y nos tuvimos que conformar con visitar una pequeña parte.

Aún así, hicimos un bonito hike en Denali, que recibe su nombre de la montaña más alta de Norteamérica, que mide 6190m y que se encuentra en el parque. Había tan poca gente que estábamos segurísimos que tarde o temprano veríamos algún oso. En ningún momento nos separamos del famoso spray anti osos que sólo dura 3 segundos :-D.

Lo que sí vimos fue un precioso ejemplar de moose o alce americano que se había acercado al borde de la carretera para deleitarnos con su presencia a los allí presentes.

Al día siguiente seguimos rumbo a la ciudad más poblada e importante del estado: Anchorage. Llevábamos varias semanas hablando por Instagram con Santiago, un argentino que había manejado desde su Arrecifes natal hasta Alaska en moto, y en ese momento se encontraba en Anchorage haciendo couchsurfing en la casa de un señor. Nos pasó el contacto del tipo y para allá nos fuimos sin saber muy bien qué esperarnos.

Allí conocimos a Will, un señor de unos 60 años, natural de Nueva Inglaterra pero que se había mudado a Alaska hacía muchos años y acogía en su casa familiar a viajeros de todo el mundo. Argentinos, puertorriqueños, alemanes… ¡Incluso otro vasco! Coincidimos con gente de todas partes. En ese momento no éramos conscientes de lo afortunados que fuimos de llegar a su casa de casualidad.

Will nos abrió las puertas de su casa como si nos conociésemos de toda la vida, al igual que hiciese Matthias en México muchos meses atrás, nuestro anfitrión supuso una gran ayuda en esta parte final del viaje, dándonos hospedaje (aunque realmente dormíamos en el camper) sin pedir nada a cambio y sobre todo dándonos la sensación de que teníamos un hogar -temporal- al que poder regresar mientras visitábamos el resto de Alaska.

En su casa conocimos también a Gabriel, otro argentino que había hecho la misma ruta en moto que Santiago, con quien llevaba un tiempo viajando, a Aby, una puertorriqueña que llevaba un tiempo trabajando en Alaska y le alquilaba una habitación a Will, a TJ, una alaskeña (sí, es su gentilicio) bien auténtica y aventurera, madre de un pequeño perrito que perdió una pata en un accidente de moto en Vietnam y que de hecho nos invitó a su casa unos días después… Fueron días bien agradables, después de varias semanas de no haber conocido a apenas gente, estos días entre amigos fueron de agradecer.

Continuará…


A number of emotions invaded us last September the 14th when we stopped to take a picture with the sign that welcomes this very isolated part of the United States: we had reached our final destination! Alaska! The last border we would cross! (Or so we thought at the time). What adventures would this wild land bring us? Soon we would find out.

The first night we were fortunate to witness one of the most curious natural phenomena that we lived on the trip: the northern lights.

We had decided to camp a few kilometers after the border, in a very beautiful area next to a lake. We had been reading for auroras for days, Meli was checking several pages to see the forecast (yes, you can check it a few days before, like the weather forecast) and that first night in Alaska did not seem so promising.

We celebrated having arrived in Alaska with a wine, we walked with Tikla and after a delicious dinner we were ready to watch a series in the comfort of the camper and go to sleep.

At about 10 o’clock at night we took Tikla out quickly to go to the bathroom, but we still could not see anything, the sky was somewhat cloudy. So we went to sleep; the day had been long, we had been driving for many days without stopping and our bodies needed to rest. But around 12 o’clock at night, Eka woke up and peeked through the skylight on the camper… and there it was! The sky had turned a green hue, with a kind of bursts of intensity that were better appreciated. He awoke Meli and hallucinated enjoyed this magical experience. What would the first settlers of this region think when they saw the auroras in the sky? It left us speechless. That was a nice way to start our journey in Alaska :-).

We then headed to Fairbanks, Alaska’s second most populous city behind Anchorage. It was supposed to be THE place to see auroras, but after spending a couple of quiet days, parked in a Walmart waiting for a clear night, we gave up and continued on to Denali. Surely there would be more opportunities later.

On the way to Denali we saw the replica of the famous Magic Bus from the Into the Wild movie, based on the true story of Christopher McCandless that Jon Krakauer related in his novel with the same name and which Sean Penn would later bring to the big screen. The bus is real (not the one we saw) and there is a hike of several days to get there. We set out to do it but the rivers at this time of the year had a somewhat more powerful water flow and we were afraid to try it with our little Tikla.

We had read and heard so many stories about Alaska, that we could not believe that we were exploring it… at last! In fact, as in Canada, there were signs everywhere that indicated that you had to be careful with the local fauna: bears, elk, caribou, deer… In such a wild and sparsely populated land it seemed easy to see them.

It should also be noted that we arrived in Alaska somewhat late in the season. Mid-September means that many parks and tour operators are closed. Besides, winter arrives early in these latitudes… Although we arrived in an unusually warm-ish autumn.

For example, when we went to visit the Denali National Park, only a small part was open. You can usually drive with your own car to this place, and then continue on the park buses. Unfortunately, the bus service was not operational and we had to settle for visiting a small part of the park.

Still, we did a nice hike in Denali, which gets its name from the highest mountain in North America, which measures 6190m and is located in the park. There were so few people that we were sure that sooner or later we would see some bear. At no time we parted from the famous bear spray that only lasts 3 seconds :-D.

What we did see was a beautiful specimen of moose or American elk that had approached the edge of the road to delight us with their presence to those present.

The next day we continued to the most populated and important city in the state: Anchorage. We had been talking on Instagram for several weeks with Santiago, an Argentinian who had driven from his native Arrecifes to Alaska on a motorcycle, and was now in Anchorage couchsurfing in a man’s house. He passed us the contact of the guy and there we went without knowing very well what to expect.

There we met Will, a man in his 60s, a native of New England who had moved to Alaska many years ago and welcomed travelers from all over the world to his family home. Argentinians, Puerto Ricans, Germans… Even another Basque! We met people from everywhere. At that time we were not aware of how lucky we were to get to his house by chance.

Will opened the doors of his house to us as if we knew each other all our lives, like Matthias did in Mexico many months ago, our host was a great help in this final part of the trip, giving us lodging (although we were sleeping in the camper ) without asking for anything in return and especially giving us the feeling that we had a home to return to while we visited the rest of Alaska.

In his house we also met Gabriel, another Argentinian who had made the same motorcycling route as Santiago, with whom he had been traveling for some time, also Aby, a Puerto Rican who had worked in Alaska for a while and rented a room to Will, TJ, a very authentic and adventurous Alaskan, mother of a small puppy that lost a leg in a motorcycle accident in Vietnam and that in fact invited us to his house a few days later… They were very nice days, after several weeks of not having met hardly people, these days among friends were thankful.

To be continued…

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¡¡Llegamos a Alaska!!
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Varios cientos de pegatinas decoraban la parte trasera del cartel… No pudimos resistirnos 🙂
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Decidimos parar en este lago para pasar la primera noche: Deadman Lake
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El paisaje nos dejó sin palabras
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Tikla siempre dispuesta a aprender un nuevo truco… A cambio de un premio, ¡claro!
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Un buen espacio con privacidad e incluso una mesa de camping para nosotros. Precio por noche: 0US$
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¡Por muchas aventuras más juntos!
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Hasta la luz del atardecer nos parecio más bonita en Alaska… ¿¡Qué tendrá esta tierra!?
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A pesar de que el cielo se veía claro, el pronóstico de las auroras no era muy prometedor
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Asomarse por la claraboya del camper con el frío de la noche y ver este espectáculo… BRUTAL
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Lo cierto es que el ojo humano no aprecia tan bien ese tono tan verde. Sólo después de una exposición de varios segundos la cámara mostraba estos colores tan vivos
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Gracias Pachamama por regalarnos semejante espectáculo
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Adentrándonos en el salvaje Denali
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Resulta que una vez al año realizan una especie de lotería entre los visitantes a Denali. Cuando el parque ya ha cerrado por la temporada, lo abren durante unos pocos días y únicamente para los ganadores de la lotería, que con su carro pueden acceder a cualquier punto del parque (normalmente hay que tomar el autobús). Nosotros llegamos justo en esos días
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Pura mentira… Los osos son los padres 😉
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En esta ocasión nos tocó dejar a Tikla atrás. No estaban permitidos los perros en el hike
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Los colores del otoño invadían Denali y Alaska
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Cuando salíamos del parque nos encontramos con este bonito moose que caminaba tranquilo cerca de la carretera
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Debe ser una maravilla caminar por aquí en pleno invierno, cuando no hay gente para molestar a los animales
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En la lejanía también vimos este ejemplar macho con una cornamenta XXL
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Campamento para la noche en las afueras de Denali
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¡Buenos días Alaska!
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Nuestra base de operaciones en Anchorage
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Volver a sentir el calor de un hogar después del frío que habíamos pasado cruzando Canadá hasta Alaska fue de agradecer
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Y este es Copper, el cachorro (?) de Will, un Alaskan Malamute y mejor amigo de Tikla en esta parte del viaje 🙂

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