The last frontier #2.

[English below]

Como íbamos contando, desde el confort de la casa de Will y con nuestros nuevos amigos, aprovechamos para salir a conocer la península de Kenai.

Visitamos brevemente el pequeño pueblo pesquero de Seward, desde donde salen multitud de tours para visitar los glaciares. La idea era conocer un poco la zona e ir a pasar la noche donde TJ, que vivía en una pequeña casa al otro lado de la península. Pero el tiempo no nos acompañó demasiado y como viajábamos en grupo -los chicos argentinos en sus motos, y Will con otra huésped viajera en su moto- decidimos acortar la visita e ir directamente donde TJ, quien nos esperaba en su casa con una rica cena local a base de salmón.

Nos resultó bien curioso ver cómo los alaskeños conviven con la naturaleza de una forma que mucha gente ha parecido olvidar. En Alaska la gente caza y mucho. Pero nadie caza por deporte. La población (sobre todo la que vive en zonas aisladas) caza para comer y no desperdician nada. Conocen cuál es la mejor época para pescar salmón, dónde cazar moose, etc. etc. Y cuando lo hacen, llenan sus congeladores para poder alimentarse durante los duros inviernos que aquí pasan, cuando muchos pequeños pueblos quedan totalmente aislados de las pocas carreteras principales que hay y los frutos de su caza durante los meses cálidos del año son su único alimento.

Nos contaba TJ por ejemplo, que unas semanas atrás y mientras se encontraba de viaje fuera de Alaska, la dueña de la casa donde vivía había cerrado mal su congelador haciendo que todo el trabajo de semanas previas de pesca y caza se fuese -casi- a pique. Por suerte unos amigos le ayudaron para tratar las carnes y pescados, ahumándolas y evitando así el desastre.

A la mañana siguiente nos fuimos a pescar, o a intentarlo al menos. Pues fue Gabriel el único que logró sacar algo del agua. Nos explicaba TJ que durante el verano hay tanto salmón en el río que uno puede prácticamente agarrarlos con la mano. Eso cuando no hay osos cerca, claro, a quienes les encanta el salmón fresco.

Aquella noche cenamos como reyes. Gabriel cocinó su salmón y nosotros contribuimos con unas ricas tortillas de patata. Lo cierto es que cada noche en casa de Will cenábamos muy rico, pues cada uno cocinaba algo y nos juntábamos todos alrededor de la mesa para comer. En otra ocasión los argentinos prepararon unas ricas empanadas… Era difícil dejar la casa de Will. Incluso teníamos ya nuestras pequeñas rutinas y paseos con Tikla, y es que la zona residencial donde estábamos, tenía muy cerca un bonito parque que admitía perros y tenía un lago enorme que hacía las delicias de Tikla.

Cabe destacar también que para este momento, cuando ya llevábamos algo más de una semana en Alaska, ya habíamos comenzado a publicar anuncios de venta del camper y ponerle carteles a éste. Fueron varios los curiosos que llamaron interesándose, incluso un tipo llamado Mike, de origen griego, nos decía que vendría desde Nueva York para comprarla y hacer el viaje de regreso por carretera. Lo cierto es que estábamos tan a gusto que el tema de la venta aún no nos quitaba el sueño.

Nos despedimos de nuestros amigos argentinos y de Will (al que veríamos más tarde) y nos fuimos de nuevo a explorar la península de Kenai, comenzando por el pueblo más al sur: Homer.

Homer resultó ser el punto más lejano al que fuimos en el viaje. Después de este pequeño pueblo de pescadores, únicamente deshicimos el camino que ya habíamos recorrido. Aquí dormimos en una pequeña península bien bonita que nos regaló un atardecer sin igual, como si la madre naturaleza supiese que se trataba de un momento especial.

Por otra parte, Eka -cómo no- seguía mirando el satélite de googlemaps en busca de olas. Era un sueño para él surfear en Alaska, y aunque la cosa a priori parecía complicada (por lo que leimos las mejores olas estaban en las islas y para llegar había que tomar un avión o un barco, dejando el camper atrás, además del hecho de que era tarde en la temporada) no cejó en su empeño. Homer de hecho parecía tener una olita, pero esta vez no hubo suerte y no pudo surfear.

Seguimos explorando Kenai, teniendo en mente que era muy probable que aquellas fuesen nuestras últimas semanas de viaje. Así, pasamos unos días entre Kasilof, Lower Skilak y Seward de nuevo. Curiosamente, y a pesar de ir a los lugares más aislados y estar completamente solos, jamás vimos ni rastro de los osos… ¡Prácticamente como en Canadá! Obviamente no queríamos un encuentro peligroso, pero estábamos curiosos por verlos en su hábitat natural y salvaje.

En Seward aprovechamos para visitar el Glaciar Exit, una de las mayores atracciones del Kenai Fjords National Park y también una de las muestras más claras de cómo el calentamiento global está afectando a los glaciares, donde sólo de 2013 a 2014 hizo que éste se retrajese 57m.

El hike fue bonito e interesante, pero desde bastante antes del centro de visitantes, ya se puede ver cómo el glaciar ha ido perdiendo cientos y cientos de metros en los últimos años; carteles con fechas recientes muestran hasta dónde llegaba el glaciar antes. Una verdadera pena.

Aquella noche acampamos cerca del glaciar, a un lado de un río medio seco. Habíamos encontrado el lugar en iOverlander -cómo no- y nos gustó la idea de dormir tan cerca del glaciar y rodeados de naturaleza. Pero ya entrada la noche, unos gritos y disparos nos sobresaltaron: un grupo de unas 4 camionetas se había puesto a unos 300m de nosotros y se divertían alrededor de un fuego disparando sus armas al aire en una noche de sábado. Probablemente se trataba de jóvenes de Seward, que encontraban en este perdido spot su lugar de recreo. Por suerte nada ocurrió y al de unas horas ya se habían ido. Además había otros campers pasando la noche, lo cual nos dio cierta confianza. Ya habíamos visto cartuchos y casquillos de bala en otros lugares, pero no habíamos vivido algo así hasta ese momento. Una anécdota más que contar.

A la mañana siguiente disfrutamos de una soleada mañana en Seward, un pueblo con mucho encanto, con sus pequeños comercios a los lados de la carretera principal, el puerto desde donde salen los barcos a los glaciares y sus pequeños campings para campers. En el parqueo donde estábamos vimos una camioneta con tablas de surf en el techo… ¿Tal vez estaba habiendo olas en la zona y no lo sabíamos? ¡Nooo!

Por suerte nuestra suerte respecto al surfing en Alaska estaba a punto de cambiar…

Continuará…


As we were saying, we headed towards the Kenai peninsula with our new friends and from Will’s comfortable home.

We briefly visited the small fishing village of Seward, where many tours leave to visit the glaciers. The idea was to get to know the area a little and then spend the night at TJ´s place, who lived in a small house on the other side of the peninsula. However, the weather did not cooperate and as we were traveling in a group – the Argentine boys on their motorcycles, and Will with another guest traveling on his motorcycle – we decided to shorten the visit and go directly to TJ´s, who was waiting for us at his house with a delicious Salmon dinner (local, of course!).

It was very interesting to see how Alaskans relate to nature in a way that many people have seemed to forget. In Alaska people hunt a lot. But nobody hunts as a hobby. The population (especially those living in isolated areas) hunts for food and does not waste anything. They know when’s the best time to fish salmon, where to hunt moose, etc. etc. And when they do, they fill their freezers so they can eat during the harsh winters, when many small towns are totally isolated from the few main roads and what they hunt during the warm months of the year are their only food.

TJ told us, for example, that a few weeks ago and while on a trip outside of Alaska, the owner of the house where she lived had left her freezer open by mistake, causing all her fishing and hunting efforts from previous weeks to almost go to waste. Luckily some friends came over and helped her treat all the meat, smoking it and thus avoiding disaster.

The next morning, we went fishing, or at least we tried. Gabriel was the only one who managed to get something out of the water. TJ explained to us that during the summer there is so much salmon in the river that one can practically grab them with their hands. That’s when there are no bears nearby, of course; they love fresh salmon!

That night we had dinner like kings. Gabriel cooked his catch and we contributed with some delicious potato tortillas. The truth is that every night at Will’s house we had a very nice dinner because each of the guests cooked something and we all gathered around the table to share food and stories. Another time, the Argentines prepared some delicious empanadas… It was difficult to leave Will’s house. We even had our little routine walks with Tikla, the residential area where we were was very close to a beautiful park where dogs could run unleashed and there was a huge lake that delighted Tikla.

It should also be noted that by this time, we had been in Alaska for more than a week. We had already started to publish ads for the sale of the camper, and we had put up posters. There were several people that had called, interested, including a guy named Mike, of Greek origin, that told us that he would come from New York to buy it and make the trip back by road. The truth is that we were so comfortable that the thought of the sale still did not seem to be pressing matter.

We said goodbye to our Argentine friends and Will (whom we would see later) and left once more to explore the Kenai Peninsula, starting with the southernmost town: Homer.

Homer turned out to be the furthest point we went on the trip. After this small fishing village, we only undid the road we had already traveled. There we slept in a small, pretty peninsula where we saw a sunset like no other, as if Mother Nature knew it was a special moment for us.

On the other hand, Eka – of course – continued watching the satellite of google maps in search of waves. It was a dream for him to surf in Alaska, and although it seemed complicated we read that the best waves were on the islands and to get there you had to take a plane or a boat, leaving the camper behind, in addition to the fact it was late in the season) he did not give up his efforts. Homer seemed to have a surf spot, but at this time of year there was no luck and he couldn’t surf.

We continued exploring Kenai, keeping in mind that those were likely to be our last weeks of travel. So, we spent a few days between Kasilof, Lower Skilak and Seward again. Curiously, and despite going to the most isolated places and being completely alone, we never saw bears … Practically like in Canada! Obviously, we didn’t want a dangerous encounter, but we were curious to see them in their natural habitat.

In Seward we took the opportunity to visit the Exit Glacier, one of the biggest attractions of the Kenai Fjords National Park and also one of the clearest examples of how global warming is affecting the glaciers, where only from 2013 to 2014 it retracted 57 meters.

The hike was beautiful and interesting, but as soon as you enter the parking lot, you can start seeing how the glacier has been losing dozens and dozens of meters; Posters with recent dates show how far the glacier reached before. A real shame.

That night we camped near the glacier, next to a half-dry river. We had found the place in iOverlander –of course- and we liked the idea of ​​sleeping so close to the glacier and surrounded by nature. But late at night, we were startled by some screams and gunfire; a group of about 4 trucks had set camp about 300m away from us and were having fun around a fire firing their guns towards the sky on a Saturday night. It was probably young people from Seward, who used this spot as a recreational area. Luckily nothing happened and within a few hours they were gone. There were other campers spending the night there, which gave us some confidence. We had already seen bullet cartridges and casings in other places, but we had not lived something like that until that moment. Another story to tell.

The next morning, we enjoy a sunny morning in Seward, a charming town, with its small shops on the sides of the main road, the port from where the boats leave to the glaciers and their small campsites for campers. In the parking lot where we were we saw a van with surfboards on the roof… Maybe there were waves in the area and we didn’t know? Nooo!

Luckily our luck regarding surfing in Alaska was about to change …

To be continued…

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De izquierda a derecha, las motos de Will, Santiago y Gabriel
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Seward nos recibía con un cielo muy gris que apenas permitía admirar los glaciares y montañas que lo rodean
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La pequeña Tikla preparada para seguir la ruta con Santiago 🙂
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Lo intentamos durante un buen rato, pero fue imposible
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Por suerte Gabriel logró sacar un salmón… ¡Parecía tan fácil!
¡Esta noche cenamos rico!
¡Esta noche cenamos rico!
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La pequeña Luk Suk, ¡toda una guerrera!
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Salmón fresco, papas al horno, tortilla y cerveza artesanal… TOP
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Hora de jugar
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Esta increíble vista de la Ensenada de Cook nos acompañó en el camino al sur
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The last frontier!
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La pequeña península del Homer Spit al fondo, rodeada de montañas y glaciares
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Este punto exacto fue el más lejano al que llegamos con el camper
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Googlemaps enseñaba lo que parecía una ola en esta zona, sin embargo cuando llegamos el mar estaba como un plato
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Medusas del tamaño de tu cabeza
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El pequeño pueblo de Homer es conocido por ser la capital mundial de la pesca del Halibut. Apenas había actividad a finales de septiembre
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Nuestra casita con ruedas, siempre buscando los mejores spots
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Mágico
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Al día siguiente quisimos parar en alguna tienda de souvenirs pero la gran mayoría estaban cerradas
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¡Seguimos!
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Por supuesto éramos los únicos que paraban para hacer fotos a los moose… Los locales pasaban de largo claro
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Kasilof River State. Surfing para hormigas
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Explorando las carreteras secundarias de Kenai
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Cómo no enamorarse de esta tierra
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Definitivamente llegamos en una época bien fotogénica
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Ni un alma en kilómetros a la redonda
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Exit Glacier
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Ni rastro del glaciar en el poste hasta donde llegaba en 1917
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El poste de 2010 quedaba detrás de nosotros, a unos 5m
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Spot para la noche
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Nada que ver con el Seward que habíamos visto unos días atrás
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¡¡Surfistas!! Debíamos estar cerca de alguna ola… ¿Pero dónde?
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Un domingo relajado en Seward
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Un pueblo bien auténtico
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Vimos bastantes autobuses convertidos a camper en Estados Unidos
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¡Hasta la próxima Seward!

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